25 de junio de 2010
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16 de junio de 2010
Reconstruir la red social y laboral*
*Texto escrito a partir de mi experiencia como voluntaria en Constitución a dos semanas del terremoto del 27 de febrero en Chile.
Constitución es hoy una ciudad estancada en el tiempo. No parece que el maremoto haya pasado hace cuatro semanas, pues su rutina parece ser la de un eterno domingo. A diferencia de otras localidades asoladas por el terremoto en menor intensidad, aquí jamás ha sido lunes. El comercio no ha vuelto a funcionar y las personas no han vuelto a trabajar. El silencio de la gente es la característica reinante del lugar. Los adultos no cruzan más que un breve saludo y los niños no salen a jugar a las calles. Silencio al caminar, silencio al comer y muchos silencios al hablar.
Unos días en Constitución bastan para darse cuenta del caos y desorganización en que está funcionando la municipalidad, por un lado, y la entrega de alimentos, por el otro. La entrega de las canastas familiares se hace directamente a las Juntas de Vecinos, quienes las reparten a su vez entre las familias inscritas, pero existen muchos sectores que no están organizados de forma comunitaria, y hay otras tantas directivas que se disolvieron ante la catástrofe.
En la zona de la ribera del río, casi nadie vive ya sus casas, pues están inhabitables o están en proceso de demolición. En cambio, los sectores del cerro que tuvieron escasos daños estructurales en sus viviendas, están recibiendo en sus hogares a una o dos familias completas para darle un techo donde dormir y comer. El problema es que estas casas se toman en cuenta como una sola familia, y la canasta que se les entrega no alcanza para la semana.